Anaïs Nin
Incesto. Diario amoroso
Editorial Siruela. Madrid, 1995
"Hay una fisura en mi visión, en mi cuerpo, en mis deseos,
una fisura permanente, y la locura la empuja adentro y afuera, adentro y
afuera. Los libros están sumergidos, las páginas arrugadas; cada perfección
piramidal arde totalmente al impulso de la sangre.
El esfuerzo que hago para perfilar, cincelar, demarcar,
separar y simplificar es una idiotez. Debo dejarme fluir multilateralmente. Por
lo menos, he aprendido algo grande: a pensar, pero no demasiado, de modo que
pueda dejarme ir, sin que haya levantado una barrera intelectual que se oponga
a los acontecimientos que puedan venir y sin interferir con una preparación
crítica en el movimiento de la vida. Pienso sólo lo suficiente para mantener
vivo un estrato superior de inteligencia vigilante, igual que cuando me cepillo
el cabello, me arreglo la cara, me pinto las uñas o escribo mi diario. Nada
más. El resto del tiempo, trabajo, escribo, trabajo. Y me dejo llevar por el
impulso. Canturreo; protesto contra los taxistas que se enfrentan a las oleadas
del tráfico; escribo una nota a Henry media hora después de haberlo dejado, y
atosigo a Hugh a medianoche para que vaya en coche al centro de París y
entregue la nota a Fred Perlés para Henry... ¡Una nota de amor para su trabajo!
Es este divino deslizamiento el que permite que Henry me
tire sobre la cama de June y lance al aire, como un sedal de pesca, la
conversación sobre Lawrence y Joyce mientras nos mecemos sobre la Tierra.
Hugh me tiene apretadamente entre sus brazos, como una gran
pepita de oro, y su horizonte es celestialmente esperanzador porque le he
traído un compás.
J'ai présagé des cercles. El motivo del círculo en mi novela
de John. La fascinación de la astrología El círculo marca la rotación de la
Tierra, y todo lo que me importa es el supremo gozo de girar con la Tierra y
morir ebria, morir mientras se gira, que no morir retirada, mirando la Tierra
que gira sobre mi mesa, como uno de esos globos terráqueos de cartón que venden
en los almacenes Printemps por 120 francos. No iluminado. Esos son más caros.
Quiero ser la luz dentro del globo y la dinamita que explota sobre la máquina
del impresor justo antes de poner el precio sobre la página. Cuando la Tierra
gira, mis piernas se, abren a la lava emergente y mi cerebro se congela en el
Ártico —o viceversa—, pero debo girar, y mis piernas siempre se abrirán,
incluso en la región del sol de medianoche, porque no espero a la noche —no
puedo esperar a la noche—, no quiero perder ni un solo ritmo de su curso, ni un
solo laudo de su ritmo.
Sueño: Hugh y yo caminamos en la niebla nocturna. Juntos. Lo
dejo. Entro en la casa y me echo en la cama. Sé que me busca, que se vuelve
frenético, que corre como un loco en medio de la niebla, flotando en ella.
Estoy inerte. Sé que estoy en casa. No se le ha ocurrido pensar que estoy en la
cama. Yazco intocada por su desesperación. Soy al mismo tiempo la niebla. Soy
la noche que envuelve a Hugh; mi cuerpo yace sobre la cama. Soy el espacio que
rodea a Hugh. Corre en este espacio, y me busca.
Por la mañana. Mi amor más tierno es para Hugh, algo
inalterable, que no cambia, fijo: el niño. Tiene el lugar más seguro, el más
suave.
Querría darle a June todo cuanto Henry ama en mí, añadirme a ella. No puedo creer que le he arrebatado al único hombre que ha amado de verdad.
Siento una piedad abrumadora por el sufrimiento histérico y
primitivo de June, por la gran confusión de su mente. Pero nunca es un
sufrimiento como el mío, nunca el dolor por perder a Henry, sino el dolor por
el fracaso.
Fue terrible que me diera cuenta de mi fortaleza mientras
recordaba mi lealtad siempre que hablo de June a Henry.
Pobrecita June, ¡es tan vulnerable! No tengo otra cosa que darle salvo mi amor, que necesita. Invento mi amor por ella, como un regalo. La mantengo viva fingiendo mi amor, que no es sino lástima. Escucho su charla rudimentaria, busco pacientemente relámpagos de verdad, esperando que se encuentre a sí misma, que en mí encuentre fuerzas, aunque, al hacer esto, siento que soy la mayor traidora sobre la Tierra. Confía en mí y soy quien la deja sin Henry.
Al mismo tiempo, no sabe lo que hago por ella para expiar mi
culpa. ¡Me niego a que Henry le cuente, le pida su libertad para casarse
conmigo! Ayer, media hora antes de verme con June, estaba sentada en un café
con Henry. Me dijo: «Cuando salga el libro, rompemos con todo, se acabaron los
compromisos. Arreglaré las cosas con June y me caso contigo».
Me eché a reír: «No quiero casarme otra vez». Y luego:
«Sería terrible privarla de su última fe en dos seres humanos».
June me ha presentado a Dick, el escritor homosexual con ojos de niño desvalido, que habla como escribe Aldous Huxley. Visitamos a Ossip Zadkine, el escultor (un personaje del Trópico de Cáncer de Henry).
Dick y yo retrocedimos ante la perspectiva desagradable de
un nuevo contacto, cada cual a su manera. El, con su ligereza; yo, con mi
silencio. Pero nos agradamos mutuamente. Estaba predispuesto en mi contra
porque soy amiga de Henry y él lo aborrece.
Henry hizo un monstruo de June porque tiene una mente creadora
de monstruos. Es un loco. Ha sufrido con June las torturas que él mismo se ha
inventado, porque el amor que June sintió por Henry no fue en absoluto
monstruoso, sino, probablemente, tan simple como el que,yo siento por ella. Yo
sí que adopté la creencia de Henry en la monstruosidad de June. Ahora veo el
sufrimiento del ser humano que es June; y veo el fracaso de los dos en
entenderse... aunque June es la más débil, porque los fantasmas de Henry la han
vuelto loca. Los fantasmas de Henry no me confunden; me interesan
objetivamente. Fascinan mi inteligencia y mi imaginación.
Me di cuenta del proceso de deformación cuando Henry explicó
mis páginas sobre June y me revistió de grandes misterios y monstruosidades. Su
imaginación es incansable y fértil; capta a un ser humano y lo deforma, lo
realza, lo magnifica y lo mata. Es un demonio que anda suelto por el mundo,
laberíntico, que conduce a la locura. Henry podría volver loca a la gente.
Hasta ahora no me he extraviado; he sido más fuerte que
June. Sólo me vuelvo loca cuando quiero, como cuando deseo emborracharme, así
que puedo trabajar. Igual que Henry se excita con el odio y la crueldad, yo me
excito y me estimulo cuando me libero de la presa excesivamente estricta de la
lógica implacable. Giro como una peonza para ser menos lúcida y más alucinada,
para escuchar mis intuiciones.
Me seduce jugar con Henry a este peligroso juego de la
deformación imaginativa. Gracias a que Allendy me ha integrado y me ha revelado
mi modelo de conducta fundamental, Henry y yo somos dignos adversarios.
Despojadme de las exteriorizaciones, de la teatralidad y del
masoquismo, y encontraréis la simiente, el núcleo, la artista, la mujer. Pero
despojad a June de sus galas y encontraréis a una mujer bella y corriente que
cree en ilusiones, sacrificios, ideales y cuentos de hadas... pero sin contenido.
Debe seguir siendo el personaje, la curiosidad, la rareza,
una forma ilusoria de la personalidad.
Pero, cuando llora, siento que merece la felicidad de
cualquier ser humano.
Después de todo, también mi imaginación ha jugado a su
capricho con los dos, con Henry y con June. Con una diferencia: necesito por
encima de todo la verdad y sucumbo a la piedad. La verdad me impide
distorsionar, porque comprendo. Tan pronto como comprendí a Henry, dejé de
hacer un «personaje» de él (el submundo brutal de mi segundo concepto de él,
hinchado por sus libros). Mi primer concepto es verdadero siempre: mi primera
descripción de Henry en el diario le sigue correspondiendo hoy, y mi primera
descripción de June es más verdadera que mi composición literaria. Cuando
empiezo a amar como un ser humano el juego cesa.
Para un escritor, un personaje es un ser con quien no se
siente ligado por el sentimiento. El verdadero amor destruye la «literatura». Por
eso, también, Henry no puede escribir sobre mí, y quizá nunca escriba sobre mí
—por lo menos, hasta que nuestro amor se acabe y, entonces, yo me convierta en
un «personaje», es decir, en una personalidad alejada, no fundida con él.
Me pongo triste cuando miro la fotografía de Allendy... Estoy siempre entre dos deseos, siempre en conflicto. Pertenezco a Henry, a June y a Allendy. Hay veces que me gustaría descansar, estar en paz, elegir un refugio, un amor, para resguardarme en él... hacer una selección final. No puedo. Algunas noches, como ésta, a la hora del decaimiento, me gustaría sentir la totalidad.
La característica de mi lealtad con Hugh es fácilmente
definible: consiste en no causarle daño. Incluso en cuestiones relacionadas con
Henry (podría obligar a Hugh a ayudar a Henry), sigo siendo leal a Hugh, tanto
que ni siquiera le impido que alcance su propia masculinidad, cosa que podría
hacer interfiriendo en su nueva agresividad, en su nueva codicia, cautela,
celos y posesividad.
Es extraño contemplar el amor de otro por una y conservarse
intacta. Los bellos sueños de Hugh sobre mí. Los escucho, pero jamás pienso en
ellos cuando Henry me acaricia. Es absolutamente cierto que nunca pienso en
Hugh cuando estoy con Allendy o con Henry, como tampoco pienso en Henry cuando
estoy con Allendy. Una especie de separación tiene lugar en ese momento —una
totalidad pasajera—, que impide cualquier duda o parálisis. Es sólo después,
cuando se revela la mezcla y el conflicto. No veo nada malo en acostarme con Henry
en la cama de Hugh, como tampoco vería nada malo en entregarme a Allendy en la
misma cama. No tengo ninguna moralidad. Sé que la gente se horroriza, pero no
yo. Ninguna moralidad mientras el daño hecho no se manifieste por sí mismo. Mi
moralidad no se reafirma cuando me enfrento con el dolor de un ser humano... Le
devolvería Henry a June si ella me lo pidiera. Al mismo tiempo, soy consciente
de la estupidez de mi capitulación, porque June puede pasar sin Henry mucho
mejor que yo, y ella es dañina para Henry. Del mismo modo que sería
infinitamente estúpido que, por mor de Hugh, volviera a mi vida neurótica,
vacía y desasosegada de los años anteriores a mi encuentro con Henry.
Ahora experimento una continua plenitud que también me
permite dar plenitud a Hugh. Deseo que Hugh pudiera creerme, entenderme,
perdonarme. Ve mi contento, mi salud, mi productividad. Y estoy aún más
preocupada por su felicidad que por la de cualquier otra persona."
